Ficción
30 de junio
de 2019, 18:00 hrs.
Comunicado
difundido en redes sociales
En reunión extraordinaria
del Consejo de Seguridad de Las Naciones Unidas (ONU) se acordó, con la
anuencia del presidente constitucional de la República Mexicana y el líder de
la oposición en rebeldía que, para evitar que la guerra civil desatada a raíz
de las elecciones de año pasado, derive en una conflagración de dimensiones globales,
el territorio será dividido en dos entidades autónomas e independientes entre sí:
México del Norte y México del Sur.
Para ello, a partir del primer minuto
del día primero de julio de 2019, las fuerzas de ocupación rusas en territorio
mexicano se apostarán en la parte sur a lo largo de la línea negociada. A su
vez, los marines norteamericanos harán lo propio en el lado norte. Ambas
milicias serán asistidas por las tropas mexicanas afines a cada bando.
Es muy importante que quede claro que
no existen salvoconductos válidos para la población civil, por lo tanto,
cualquier intento de cruce de la línea protegida será considerada como beligerancia.
En cuyo caso la orden para milicias mexicanas tanto leales como rebeldes es
“fuego a discreción”.
En los mapas adjuntos se muestra la
nueva frontera. Favor de revisarla con mucho cuidado para evitar hechos que
lamentar.
NOTA: El escenario que planteo puede tener muchos “asegunes” y hasta
inconsistencias, pero su objetivo no es dibujar una ficción anclada a hechos
históricos, sino simplemente extrapolar la efervescencia social que percibo, a
consecuencias hipotéticas que permitan mostrar un panorama indeseable por todos
los mexicanos.
Lo anterior es una ficción
que no por extrema resultaría imposible, de hecho,
la historia da cuenta de varias, y todas por razones ideológicas. Estoy seguro
que todos recordamos episodios como los ocurridos en Corea, Vietnam, China, el
bloque de Europa oriental incluido su emblemático e ignominioso Muro de Berlín,
pero también estoy seguro que es fácil sentir que aquellos negros hechos son
ajenos a la realidad del México de hoy.
Se me
ocurrió construir en estos tiempos de posicionamiento político, este loco
ejercicio como pretexto para sugerir una reflexión colateral -pero a mi juicio
importante-. Y parto de una base, tengo amigos y familiares con visiones
absolutamente divergentes en la manera como se deben componer las cosas, aunque
parezca que no tienen nada en común, estoy convencido de que a todos (o a casi
todos) nos mueve un legítimo sentimiento de la búsqueda del bien común.
He vivido muchos
procesos electorales, y eh notado que, conforme se acercan los comicios en las
charlas de café tarde o temprano sale a colación el tema político. Eso es
normal, sin embargo, duele ver que esta vez las conversaciones entre amigos,
familias, vecinos o compañeros de trabajo, de escuela, etc. han subido el tono.
No se diga en los foros formales e informales de las redes sociales. Las faltas
de respeto, las burlas y hasta los insultos son más frecuentes y más intensos
(y más prosaicos, por cierto).
No es que me espante, el apasionamiento siempre exalta los ánimos, pero llama la atención que las posiciones se han radicalizado; Ahora, si expresas dudas sobre el dicho de un candidato sus seguidores te etiquetan como “Televiso”, “miembro de la mafia del poder” o “pirrurris” si bien te va, pero no se te ocurra insinuar simpatía por otro porque entonces te convertirás en un “Pejezombie”, un “resentido social” o un “chairo”. Creo con toda sinceridad que, como están las cosas lo de menos es perder la “clase”; el simple hecho de denostar a alguien a quien se supone que conoces sólo porque piensa diferente que tú es imprudente.
La falta de respeto puede sonar como baladí, pero quizás sea la semilla de una situación tan aterradora como la “fumada” con la que espero haber captado tu atención. Admitámoslo; es muy probable que en un punto de procesos históricos semejantes los hermanos, los amigos, los vecinos, los colegas fueron protagonistas primero de intercambios de ideas cargadas de obstinación, y luego, a fuerza de porfía llegaron a los insultos y a los sarcasmos que, a su vez pudieron desatar golpes y la espiral llegó al encono.
Así las cosas, el caldo de cultivo queda a punto. Sólo falta la mecha que desencadene una espiral de sucesos a gran escala; por ejemplo, resultados electorales tan estrechos que su validez queda en entredicho por la población “perdedora” sea cual fuere el candidato derrotado, Peor aún si en la víspera las encuestas son contradictorias y cada bando “cree sin duda” que la amañada es la del contrario (“seguro mi gayo ganará” ¿dónde he oído eso?).
No es que me espante, el apasionamiento siempre exalta los ánimos, pero llama la atención que las posiciones se han radicalizado; Ahora, si expresas dudas sobre el dicho de un candidato sus seguidores te etiquetan como “Televiso”, “miembro de la mafia del poder” o “pirrurris” si bien te va, pero no se te ocurra insinuar simpatía por otro porque entonces te convertirás en un “Pejezombie”, un “resentido social” o un “chairo”. Creo con toda sinceridad que, como están las cosas lo de menos es perder la “clase”; el simple hecho de denostar a alguien a quien se supone que conoces sólo porque piensa diferente que tú es imprudente.
La falta de respeto puede sonar como baladí, pero quizás sea la semilla de una situación tan aterradora como la “fumada” con la que espero haber captado tu atención. Admitámoslo; es muy probable que en un punto de procesos históricos semejantes los hermanos, los amigos, los vecinos, los colegas fueron protagonistas primero de intercambios de ideas cargadas de obstinación, y luego, a fuerza de porfía llegaron a los insultos y a los sarcasmos que, a su vez pudieron desatar golpes y la espiral llegó al encono.
Así las cosas, el caldo de cultivo queda a punto. Sólo falta la mecha que desencadene una espiral de sucesos a gran escala; por ejemplo, resultados electorales tan estrechos que su validez queda en entredicho por la población “perdedora” sea cual fuere el candidato derrotado, Peor aún si en la víspera las encuestas son contradictorias y cada bando “cree sin duda” que la amañada es la del contrario (“seguro mi gayo ganará” ¿dónde he oído eso?).
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