martes, 2 de junio de 2015

Alcalá de Henares, Patrimonio de la Humanidad

Lo de hoy en materia de viajes es la especialidad o turismo temático. Así, cada vez son más familiares términos como: turismo de aventura, turismo religioso, o gastronómico. Pues visitar Alcalá de Henares podría catalogarse como: turismo literario. 
Alcalá de Henares es a España lo que Florencia a Italia. El llamado Siglo de Oro Español, no es sino la versión hispánica del Renacimiento, periodo que empieza (según unos) en 1492. Una serie de hechos fortuitos, hacen de esta villa fundada por los romanos con el nombre de Complutium, el punto de partida del florecimiento de la cultura humanista, que caracterizó esa época.
En 1499 el Cardenal Cisneros, que había estudiado gramática en Alcalá, funda la Universidad Complutense. Algunos egresados famosos confirman lo trascendente del hecho: San Ignacio de Loyola, San Juan de la Cruz, Lope de Vega, Calderón de la Barca y Tirso de Molina. Por si fuera poco, a escasos metros del Colegio Mayor de San Ildefonso nació la Máxima gloria literaria del idioma que hablamos: Miguel de Cervantes Saavedra. Y para rematar Santa Teresa de Jesús ungió con su presencia el poblado al fundar un convento.
Actualmente todos los Sábados sale de la estación Atocha de Madrid un tren especial rumbo a Alcalá. Se trata de un tour cuyos guías son actores disfrazados a la usanza del Siglo XVII. La experiencia de que sea el mismísimo Don Quijote el que te muestre su terruño, es maravillosa.
Si en esta ciudad todo hace referencia a la literatura, durante abril todo es “Cervantino” y es que un 22 de ese mes falleció su hijo predilecto; el Manco de Lepanto. La conmemoración hace del centro de España (Madrid, Castilla León y Castilla La Mancha) un corredor cultural con ferias del libro, exposiciones especiales en los museos, conferencias, eventos escolares y certámenes literarios, siendo desde luego, lo más destacado el Premio Cervantes (del que haré referencia más adelante).
Independientemente de la temporada, el centro de la ciudad es encantador, conserva casi intacta su arquitectura del siglo XVII, destaca la calle Mayor o Judería, un largo andador peatonal con portales muy pintorescos a ambos lados. Muy cerca se puede visitar la casa donde supuestamente nació el Príncipe de los Ingenios, cuyo interés realmente es ver cómo vivía la clase acomodada de aquella época y por último la Plaza Cervantes que regala postales maravillosas incluyendo los enormes nidos de cigüeña con polluelos de casi tres kilogramos y el Corral de Comedias, que es una muestra viva de los escenarios donde los dramaturgos competían con su arte.
La creación de la Universidad Complutense, fue lo que vino a transformar a Alcalá de Henares de una localidad medieval con marcada influencia judía y árabe en una ciudad Renacentista que, junto con Toledo fue referente del centro de España (Madrid era apenas una pequeña villa desconocida). Un nombre más lógico hubiera sido Universidad Alcalaína, pero recién se había expulsado a los árabes y Al-Qualá sonaba muy morisco. Entonces es probable que se le denominara Complutense para asociarla mejor a Complutum, asentamiento romano que precedió a la invasión arábiga. Recuérdese que las ideas renacentistas implicaban sepultar el Medioevo con un retorno al clasicismo Grecorromano.
Rápidamente la institución ganó prestigio gracias a sus estrictas prácticas. Una de ellas era la última prueba, equivalente al examen profesional. En el Aula Magna o Paraninfo se situaba en la cátedra, es decir en el púlpito de los catedráticos al examinando, quién durante 6 u 8 horas debía demostrar al profesorado sin lugar a dudas estar perfectamente apto para el ejercicio de su profesión.
Ya mencioné algunos de sus alumnos más destacados, pero no dije que varios de ellos no aprobaron ¡Quién lo diría! Calderón de la Barca, Tirso de Molina y San Ignacio de Loyola fueron "manteados". Hoy se diría que fueron objeto de Bulling. Resulta que por reprobar, se hicieron merecedores al vilipendio. Al quedar expulsados, según la tradición fueron objeto de burla por parte del resto de los estudiantes, quienes les pusieron orejas de burro (auténticas) y arrojados en una manta sufrieron la "gran nevada". Así le llamaban a la generosa lluvia de escupitajos y otros efluvios humanos de todas texturas y colores, luego, envueltos con el mismo lienzo los sacaron por la puerta de los burros donde el pueblo se encargó de expulsarlos de la ciudad. (El fundador de los jesuitas terminó la carrera en la Sorbona de Paris).
En 1513 se construye el Colegio Mayor de San Ildefonso. Ya desde entonces la intención del Cardenal Cisneros era transformar la localidad en una, textualmente, ciudad universitaria. Hacia 1551, por cédula real anticipada de Felipe II se funda -para decirlo en lenguaje moderno- “el Campus Nueva España”, que más adelante sería avalada por el Papado y a la postre terminaría por convertirse en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
No se sabe si fue manteado, pero consta que uno de nuestros representantes mexicanos del Siglo de Oro Español, Juan Ruiz de Alarcón estudió en la entonces Real y Pontificia Universidad de México y consta también que Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana, ante la imposibilidad de ingresar al instituto por su calidad de fémina, formó parte de la Corte Virreinal -se cree- para tener rose con la crema y nata de la intelectualidad que en su mayoría era egresada de la “Complutense de Petatiux”
Volviendo al viejo mundo, un par de datos curiosos. A nadie en México le es ajeno el término coloquial: "gorrón". Pues este apelativo se acuñó en Alcalá. Se dice que dado lo estricto de las reglas, los estudiantes ricachones (casi todos) podían llevar a sus criados con tal que éstos portaran el mismo uniforme, comieran lo mismo y durmieran en habitaciones iguales. Y eso no les agradaba a algunos clasistas (casi todos). La solución para distinguir verdaderos estudiantes de los mozos, fue hacerles usar a estos sus gorros un poco más grandes; o sea, los gorrones comían y bebían igual que el resto aunque no pagaran por ello. También estaban los empollones, que eran los estudiantes pobres que para subsistir hacían ciertos servicios cómo calentar la banca para que los señoritos pudieran tomar clases cómodamente aunque la mañana estuviera fría.
Algo sobre el Premio Cervantes. Existía ya el Novel para cualquier idioma, o el Booker Prize para literatura en Inglés, pero un lauro de incuestionable relevancia para las letras Castellanas no lo había. No fue, sino hasta la muerte de Franco (1975) que se instituyó el Premio Cervantes. Casualmente o no, el primer reconocimiento se le otorgó en 1976 a Jorge Guillén, poeta exiliado de la Guerra Civil desde el año 1938. Personalmente pienso que sus fundamentos no podían ser sino los que son. Primero, lo otorga el Ministerio de Cultura de España y el pleno de la Real Academia Española (RAE) es quién propone candidatos. Segundo, Se honra a Miguel de Cervantes (si alguien tiene alguna duda, baste un dato: Después de la Biblia, El Quijote es el libro más reimpreso y traducido en la historia de la imprenta). Tercero, no hay lugar más representativo de la literatura en español que la Universidad de Alcalá.
Entre los galardonados se encuentran Jorge Luis Borges, Ernesto Sabato, Mario Vargas Llosa, Camilo José cela, así como los mexicanos Octavio Paz, Carlos Fuentes, Sergio Pitol, José Emilio Pacheco y Elena Poniatowska. Para mi gusto los grandes ausentes (que contemporaneidad pudieeon haberlo recibido) son Julio Cortazar y Gabriel García Márquez. Después de España es México el País que más representantes tiene (5).
Se entrega cada 23 de Abril, Día Internacional del Libro en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá en una de las ceremonias más solemnes de España con la presencia de los reyes.
Alcalá de Henares es un lugar imperdible, no en balde fue declarada en1998 Patrimonio de la Humanidad.

lunes, 18 de mayo de 2015

Amanecer, un cuento sobre Ayotzinapa


Acapulco, Guerrero. 12 de diciembre de 2011.

Alejandra se despertó al amanecer, caminó, como era su costumbre desde hacía quince años, a la ventana panorámica del departamento. Punta Diamante le brindó el mismo paisaje que la hizo soñar desde muy pequeña, pero esta vez, la bahía le pareció más hermosa que nunca. Absorta en sus ilusiones, no se percató del paso del tiempo. La voz de Magda, su madre, la regresó a la realidad: “Ale, hijita apúrate porque tu papá quiere adelantarse al tránsito y Jimmy tiene que llegar a terminar la tarea”.
Horas después, los Fernández viajaban de regreso a la Ciudad de México. Casi al llegar a Chilpancingo su vehículo fue el primero en ser detenido por manifestantes que iniciaban un “plantón”, bloqueando la Autopista Del Sol.
–¡Me lleva…! –Exclamó el padre–. ¿Nosotros qué culpa tenemos de sus problemas?
Alejandra, quitándose los audífonos del iPod se quejó: “¡Ashh, les dije que nos fuéramos en avión!”
Unos jóvenes se acercaron, Julián Fernández les solicitó de forma cordial que los dejaran pasar. Los muchachos se disculparon argumentando que esa era la única forma de que el Gobernador les hiciera caso, le ofrecieron un volante con la consigna de sus demandas. Él, molesto por la negativa, lo tomó y sin leerlo lo arrojó al suelo, diciendo: “¡Esa no es mi bronca, chamacos, nosotros sólo vamos de paso!”
–Amigo, coopérenos con alguna moneda pa´l movimiento, ¿no?
–¿Movimiento? ¡Pónganse a trabajar, eso es lo que necesita el país!
Cómo los manifestantes estaban acostumbrados a ese tipo de reacciones, ignorando el vituperio, casi todos prosiguieron su labor con los vehículos que se habían acumulado tras la camioneta Land Rover Ranch de la familia Fernández. Pero uno de ellos sí encaró al turista: “¿Usted qué sabe? ¡Viejo pendejo! Qué fácil decirnos eso allí sentado en su camionetota…” El conductor lanzando una mirada de desprecio subió la ventanilla. Algunos de sus compañeros obligaron al chico a reincorporarse al grupo que boteaba.
Alejandra criticó a su padre por la procaz actitud: “¡Qué grosero!”, reprochó. Hábilmente Magda, para evitar el primer enfrentamiento del día entre padre e hija, sugirió que esperaran en la gasolinera contigua. “Podemos ir al baño y comprar unas papas”, dijo.
Ante el alboroto que crecía, Julián accedió y orilló el vehículo. Caminaron hasta la tienda anexa a la estación de servicio. Unos minutos después, acudieron al punto de conflicto desde ambas direcciones una treintena de policías federales. Cuando vieron desplazarse hacia los acotamientos de la carretera a varios manifestantes, el padre de familia concluyó que la Fuerza Pública estaba ya disolviendo el bloqueo. Por lo que instó a su esposa e hijos a regresar al carro para reanudar su viaje. El primero que llegó fue Jimmy, y justo cuando abrió la portezuela, el humo blanco de una granada de gas lacrimógeno provocó una estampida humana en dirección suya.
–¡Regresen, estaremos más seguros dentro de la tienda! –Clamó Magda, pero el niño, conmocionado permanecía inmóvil. Su padre lo condujo de vuelta, sin embargo ya no pudieron entrar, el lugar estaba colmado de angustiados paseantes.
Los uniformados arremetieron contra los muchachos más osados, los líderes estudiantiles arengaban a sus correligionarios a resistir, la tensión creció con dimes y diretes de ambos bandos.  De pronto se escucharon disparos, seguidos de una explosión en la gasolinera ubicada del otro lado de la carretera.
–¡Vámonos de aquí! –Dijo Julián al ver las llamaradas que siguieron al estallido.
Volvieron a la camioneta, atravesando un tumulto compuesto por turistas horrorizados, en medio de manifestantes enfrentándose con policías, o huyendo de estos. Siguieron a una fila de carros que escapaba por la calle trasera de la gasolinera, pero sólo consiguieron incorporarse a la carretera secundaria a Petaquillas, que estaba congestionada.
Jimmy se acercó a su madre y le dijo al oído: “Mamá, hay alguien allá atrás.” Sobresaltada, Magda, con gritos pidió a su esposo que hiciera algo. Entonces al verse descubierto, un jovencito se asomó temerosamente tras el asiento posterior. Su rostro lo decía todo, estaba tan asustado como ellos y además reflejaba la vergüenza de sentirse traidor por cobardía. Julián frenó abruptamente mientras vociferaba preso de recelo: “¿Qué haces aquí, cabrón? ¡Bájate! ¿Hay alguien más allá atrás?”
–No… no señor, sólo estoy yo, no les voy a hacer nada. Me subí pa´ esconderme… es que cuando oí la explosión, la mera verdá me dio miedo.
–¡Que te bajes, dije! –Ordenó de nuevo abriendo remotamente la portezuela trasera.
Ta´ bien, señor, pero por favor tíreme más allá.
Magda, viendo que era casi un niño sintió compasión, algo le decía que no los pondría en peligro. Ella le suplicó a su marido que no expusiera al muchacho.
Julián ya desde fuera, a tirones pretendía bajarlo, hasta que las sirenas de camiones con personal anti motín, que avanzaban en dirección al conflicto lo hicieron condescender.
Durante algunos minutos un gran silencio regeneró, en parte el sosiego de todos, pero seguían varados.  El polizón, que se llamaba Esteban, sugirió tomar una vereda que los llevaría al libramiento a Tixtla, por donde podrían regresar a Chilpancingo, y de ahí retomar la Autopista más adelante. No les pareció mala idea, así que se internaron en esa dirección.
Avanzaron por el sendero de terracería unos kilómetros, cuando al salir de una curva, se encontraron de frente con dos camionetas que venían a gran velocidad. La colisión fue evitada, pero uno de esos vehículos salió del camino. A pesar de que Julián ignoraba quienes eran, el instinto le hizo acelerar para alejarse lo más pronto posible.
Las camionetas pertenecían a sendos grupos delincuenciales que rivalizan por el control de la zona. De hecho, protagonizaban en ese momento una persecución que culminó con el alcance de la camioneta despistada, desatándose un enfrentamiento armado.
Ellos pudieron escuchar la balacera; todo transcurrió muy rápido, pero bastaron unos segundos para que volviera a reinar el pánico, Jimmy empezó a llorar, Magda fingiendo entereza trató de calmarlo, mientras Alejandra repetía una y otra vez: “Esto no está sucediendo”.
Al llegar nuevamente a camino pavimentado Esteban dijo: “Agarre por la derecha, ahorita es más seguro que lléguemos a Ayotzi”.
–¿Qué es eso? ¿Qué demonios hay ahí? –Replicó Julián.
–Allí está mi escuela y debe haber policías municipales.
–No entiendo, ¿qué no estás huyendo de la policía?
–Bueno sí, de los granaderos, pero los que le digo son los del Municipio y sólo vigilan que los estudiantes no regrésemos en los camiones prestados.
–¿Y eso qué importancia tendría? –Cuestiona Alejandra
–¡Oh, pos es que los tomamos prestados a fuerzas!
–O sea, los roban… ¡Ustedes también son unos vulgares delincuentes!
La lucha social a veces necesita tomar acciones fuera de la Ley. Los alzados en todas las revoluciones rompen el Estado de Derecho del régimen que oprime al pueblo.
–¡Órale! Qué bien aleccionados los tienen! –Dijo sorprendida Magda.
–Bueno, ya basta. Lo importante es que al llegar a ese lugar tú te bajas, y nosotros les pedimos apoyo a los municipales.
Pos como usted quiera, Don, pero le recomiendo que no se fíe de ellos, yo sé lo que le digo… mejor esperen, cuando lleguen los periodistas se van con ellos, no sea que "me los vayan a sembrar por ay".
La expresión, aunque nunca la habían escuchado era gráfica, que no dudaron en atenderla.
Al llegar a la Normal de Ayotzinapa, una señora abrió el portón. Se trataba de Delfina, cocinera de la escuela. Ella notó tan alterados a los visitantes, que insistió en ofrecerles té de tila para calmar los nervios. Cuando Magda y Julián le contaron lo sucedido, la mujer persignándose comentó: “¡Válgame Jesucristo! Yo entiendo a estos muchachos, pero no se dan cuenta que se llevan entre las patas a otros. Figúrense, mi hijo perdió la chamba porque el hotel en Acapulco onde trabajaba cerró por falta de turistas. Y ora el pobre anda batallando pa´ darle de comer a tres criaturas”
Mientras tanto, Alejandra y Esteban intercambiaban puntos de vista sobre la compleja problemática de la sociedad mexicana. Eso los llevó a aprovechar la distracción de los mayores para escabullirse a recorrer las instalaciones. Caminaron hacia la arcada del edificio principal, donde están las aulas, que Esteban obvió por carecer de interés.
–Ven, mejor te enseño mi dormitorio.
–¿Dormitorio?
–Sí, esto es un internado, la mayoría venimos de muy lejos. Yo por ejemplo, soy de Atlacahualoya, un pueblo de Morelos, allá por Cuautla.
–¿Y por qué decidiste venir a estudiar aquí?
–Si quieres salir de jodido no hay de otra; te vas de sicario, de mojado o de maestro. Y yo quiero volver a mi pueblo a dar clases, porque a los de fuera les asusta trabajar en jacalones–Alejandra tragó saliva.
Entraron en una habitación amplia y húmeda, con penetrante olor a sudor rancio. Tenía por muebles dos camastros, en torno a las paredes, dispuestas con cierto orden varias mochilas y algunos huacales con cobertores y efectos personales.
–Obviamente aquí duermen más de dos. ¿Y las demás camas?
–Aquí vivimos veinte. Los catres son de los “potentados”, los demás nos acomodamos en cajas de cartón y petates. Ya pa´ cuando pasas a quinto semestre tienes derecho a un colchón –Contestó Esteban sonriendo ante la candidez de la pregunta.
De regreso al patio frontal, Alejandra se detuvo frente a una casita que desentonaba con el resto de las construcciones, estaba pintada de rojo y negro, lucía además grandes imágenes del Che Guevara y Lenin. Esteban interpretó el desconcierto de la chica.
–Esa es la Casa del Activista, también es un dormitorio, pero es mucho más que eso, si no fuera por ella, desde hace décadas las chingadas políticas del gobierno hubieran desaparecido la normal. Los camaradas que viven ahí y algunos maestros, nos enseñan materias que no vienen en el Plan de Estudios, cosas como la “argumentación fundamentada”, pa´ contestarle al que sea.
Prosiguieron el recorrido, la vista que ofrecía el traspatio era sorprendente: El verde intenso, con surcos bien alineados e hileras de vivos colores en un área dentro de las bardas del plantel, llevó a la chica a preguntar: “¿Son de la escuela esos sembradíos?”
Pos sí… somos campesinos, nosotros sí sembramos maíz, frijol y flores, para comer y vender pues, pero a veces ni así alcanza, entonces salimos a botear, a pesar de los riesgos y humillaciones que ya te distes cuenta que pasamos.
Alejandra bajó la cabeza, incomoda por la alusión. El choque de una realidad que nunca imaginó siquiera, cimbraba los esquemas mentales aprendidos desde su cómoda posición.
El saldo oficial de la protesta: veinticuatro detenidos, siete lesionados y tres muertos, dos de ellos estudiantes abatidos por impacto de bala, más un empleado de la gasolinera incendiada, quién falleció a causa de las quemaduras.
Durante casi tres años, cuando volvía a su departamento en la playa, los amaneceres de Alejandra ya no eran motivo del arrobo de sus sentidos. Se había sumado sin embargo, solamente a las filas de los que se lamentan de la ruindad humana sin hacer nada.
Así fue, hasta que otra tragedia enlutó a todo un país: Los 43 desaparecidos de Ayotzinapa. El nombre de Esteban en la lista la marcó para siempre.

El día 8 de noviembre de 2014, caminó a la vanguardia de una marcha portando un cartel que contenía, no un lema, sino una pregunta: “¿Qué cosecha un país que siembra cuerpos?”. Poco después ella fue detenida, por supuestas vinculaciones con el grupo de anarquistas, que pretendían quemar la Puerta Mariana del Palacio Nacional. La chica nunca llegó a los separos. Regresó a casa tres días después, vejada y violada por policías vestidos de civil a quienes asegura haber visto infiltrados entre los manifestantes

jueves, 7 de mayo de 2015

La Güera Rodriguez


Hoy en día La Güera Rodríguez es uno de esos personajes de los que casi todos hemos oído hablar, pero   casi nadie conoce las razones de su fama. Al menos yo apenas me enteré de varios detalles que quiero compartir.

           Ignacia –así se llamaba– nació en 1778, era una criolla de familia relativamente acomodada y fue un indiscutible símbolo sexual de su época. La casaron a los diez y seis años con un joven militar con futuro promisorio, pero 6 años después estaba separada y acusada de adúltera. Se volvió a casar, esta vez con un comerciante muy rico y muy viejo, ese matrimonio duró menos, tan solo unos meses pues el anciano un día amaneció muerto.  En su acta de defunción se asentó la causa de la muerte: “Enfriamiento por destape de cobijas”. El  caso es que haiga sido como haiga sido, la Güera se rayó, heredó toda la fortuna.
   
          Hasta aquí esos hechos causaron revuelo entre la alta sociedad y muchas habladurías del pueblo, pero no la hubieran convertido en un icono de la sensualidad decimonónica. Es más, el escándalo se hubiera diluido  en cuestión de meses. Lo que la hizo trascender por siglos en la memoria nacional fueron los amores prohibidos, ellos la convirtieron en legendaria. De ellos, unos totalmente abiertos, otros discretos pero documentados y algunos más son simples deducciones (Léase chismes).




Muy probablemente uno de los episodios de celos del primer marido se desató por el desliz con un acaudalado huérfano sudamericano cinco años menor que ella de nombre Simón Bolivar.


Tiempo después, ya viuda y rica le alegró su estancia a otro extranjero, éste sin gran fortuna pero si muy prominente, se trataba del Varón Alexander Von Humboldt.


Se cuenta que cuando se inauguró la estatua ecuestre de Carlos IV (El Caballito), La Güera cautivó al alemán con un comentario inaudito para una dama de aquella época. Dijo: "El único error de esa escultura es que el caballito tiene los huevos parejos, y todos sabemos que siempre hay uno testículo que cuelga más que el otro"



Se sabe que la güera financió la causa Insurgente de manera directa con su primer líder; Don Miguel Hidalgo y costilla, quien también era ojo alegre. Las primeras reuniones de la conspiración independentista se llevaron a cabo en el interior de la Profesa, iglesia ubicada justo frente a la casa de ella. Atando cabos, no se necesita ser demasiado suspicaz para mal-pensar que probablemente Ignacia sea la “Madre de la Patria”







Pero hay más historias en torno a la Profesa y su devota vecina. En el interior del inmueble se encuentra una imagen de la Virgen de Dolores, se asegura que el escultor plasmó el rostro de Ignacia como un tributo velado a sus favores. El artista fue nada menos que Manuel Tolsá.






Hay evidencia de que la Güera poseía una carta del rey de España Fernando VII dirigida al Virrey Apodaca ordenándole la búsqueda de un militar criollo que pudiera pactar con los rebeldes. Resulta difícil de imaginar que un documento tan importante cayera en manos de alguien por pura casualidad.







Finalmente al parecer nuestra heroína influyó en la voluntad del Virrey para nombrar a Agustín de Iturbide Emisario Real. Cuando llegó el ejercito Trigarante a la ciudad de México, el futuro primer Emperador desvió la ruta prevista para pasar por la casa de Nacha, y llegado el momento Agustín bajo del caballo, arrancó una pluma de su sombrero y se la dio a ella, quién coquetamente la insertó en medio de su voluptuoso pecho.
   

miércoles, 8 de abril de 2015

LOS BABY BOOMERS, UNA GENERACIÓN EXTRAORDINARIA


LOS BABY BOOMERS, UNA GENERACIÓN EXTRAORDINARIA



¿ERES UN BABY BOOMER?
Al terminar la Segunda Guerra mundial un fenómeno biológico/social se activó: el extraordinario y espontaneo crecimiento demográfico en algunos países. El Boom de los bebés ocurrió entre los años de 1946 y 1964.
Por contemporaneidad todos los nacidos en esos años somos Baby Boomers. Pero el hecho va mucho más allá de una simple anécdota o un mecanismo natural contra la extinción de la especie si acaso fue eso; Esta generación es la que ha ido a la cabeza en la ruptura de los paradigmas que han venido transformando a la humanidad entera en estas siete vertiginosas décadas.
Los Baby boomers hemos sido protagonistas del signo de nuestro tiempo: El cambio. En términos generales nuestros padres presenciaron algunos parte-aguas y atestiguaron sus efectos, pero apenas les tocó una probadita, no alcanzaron a dimensionarlos del todo, tampoco a gozarlos o sufrirlos. Si nos vamos al otro extremo nuestros hijos (Generación X), nacieron en medio de la vorágine tecnológica e informativa, y como sus referentes son históricos, perdieron la capacidad de asombro. En cambio a nosotros nos tocó experimentar de lleno lo bueno y lo malo de ambos mundos.
No sólo eso, los Baby Boomers nos hemos mantenido en la cresta de la ola. Prueba de ello lo ha dado el incremento histórico en ventas de ciertas empresas a lo largo de nuestro arribo a la escena. En los 50´s Gerber; en los 60´s Mattel; en los 70´s Levis; en los 80´s y 90´s GM y la llamada burbuja global inmobiliaria, en los 2000 Apple y en el último lustro las industrias farmacéuticas y turísticas se están frotando las manos.        
Somos la generación “sandwich”. Todo empezó cuando la población rural, que desde siempre fue la mayoría, inició la migración masiva hacia las urbes. Por ese motivo, bien que mal cada vez más niños tuvieron acceso a la educación, y con ello al eterno cuestionamiento del status quo.
Nosotros fuimos los bebés del Gerber y del Pablum, pero nuestros pañales seguían siendo de tela. Fuimos los niños del trompo, el valero, las canicas y la carreterita. Fuimos las niñas de las Matatenas, el resorte y el avión. Jugábamos en la calle Amo Ato, la Rueda de San Miguel y la Víbora de la Mar, jugábamos bote pateado, encantados, quemados, coleadas y tamaladas, Pero también nos tocaron la autopista Ledy y la señorita Lili (versión mexicana de Barbie).
Nosotros fuimos los niños de Kalimán en el radio, y en la televisión disfrutamos en blanco y negro de Cachirulo con fanfarrón y la bruja Escaldufa, Club Quintito con Genaro Moreno y Chabelo, nos aburrimos con los funerales de Kennedy, nos aprendimos la frase: “Jaque Mate Rey 2, aquí Torre Blanca”, escuchamos la tipluda voz de Chester obedeciendo a Matt Dillon y ¿Qué me dicen del “Pumm” “Cuaz” “Chazz” de los combates de Batman y Robin contra los secuases del Guazón o del Pingúino?. Los afortunados eran filmados en 8mm y los más afortunados podían presumir el Studebaker de papá.
Sin embargo, la cosa no podía quedar ahí, conforme crecíamos los avances tecnológicos nos maravillaban. Así llegó la televisión a color, donde se pudo admirar la llegada del hombre a la Luna. Aquí en México muy pocos lograron ver los colores de la bandera gringa, pero todos escuchamos las palabras de Neil Armstrong.
Si había teléfono en casa, era por supuesto de disco. Era la época de la Coquita de 35cts. y los veintes de cobre, surgieron las cámaras Kodak instamatic con su cubo mágico y las Pólaroid, pero las tareas de investigación aún se hacían en la biblioteca y se presentaban en máquina de escribir.
Ya mayores escandalizamos a nuestros padres con el estridente ruido al que ellos no aceptaban como música; el Rock & Rol y sus variantes, Elvis, los Beachs Boys, aquí en México los Locos del Ritmo y los Rockin Devils, luego The Beatles. Hicieron su aparición el pelo largo, las minifaldas y los pantalones acampanados (mi primer Topeka fue color mostaza). Hacia el final de los 60´s el asesinato de Matin Luther King y la guerra de Vietnam cimbraron nuestras inquietas conciencias; una efervescencia revolucionaria juvenil desató disturbios en Estados Unidos, Paris, Tokio, Roma, Berlín, Praga, Estocolmo y por supuesto México, que discurría entre granaderos, Olimpiadas, Mundial de Futbol y halcones. Surgieron los Hippies con su onda pacifista que trajo aparejado el amor libre, que a su vez revivió, pero de una manera más efectiva el viejo anhelo de la liberación femenina. Las drogas psicodélicas influyeron en la creación de una música más densa. Woodstoock y Avándaro en México reflejaron que con la liberación se corría el riesgo de libertinaje. Narcóticos más poderodos empiezaron a hacer estragos; figuras como Janis Joplin, Jimmy Hendrix y Jim Morrison fueron víctimas de sus excesos.
Las computadoras en los 70,s eran cada vez más un tema de la vida real que de ciencia ficción, pero ni de lejos podíamos aspirar a acceder a un armatoste de esos, a no ser que se nos hubiera ocurrido “la brillante idea” de incursionar en “las actividades del futuro” convirtiéndonos en perforistas o capturistas (personajes hoy extintos). ¡Ah, pero eso sí! Podíamos “chatear” en tiempo real. El término “Chat” aún no se acuñaba, y sin embargo, literalmente era posible sostener conversaciones a distancia con cuates y desconocidos, me refiero a la Banda Civil y su famoso código 10. Un clásico de sábado se habría escuchado así:

10-18, 10-18, aquí bigotitos en busca de pestañitas sin 10-31 para ir al Embudo… 10-8.
(Traducción: Hay algo para nosotros, somos chavos que queremos conocer chicas sin novio para ir a bailar… espero respuesta)

10-19, 10-11, primero 10-22, 10-80 en Tom Boy Insurgentes.
(No hay nada para ustedes, van muy rápido, primero vamos a conocernos, los esperamos en Tom Boy Insurgentes)

Sí el ligue cuajaba por la noche irían a la “americana” a bailar en la discotec El Embudo de la Zona Rosa. Curiosamente la música “Disco” marcó la transición de los tocadiscos a al track 8 y después a las caseteras. Los vehículos ya no estaban condenados a las estaciones de radio, pues con un auto-estéreo podías escuchar la música que eligieras.
Con los 80´s llegó la adultez, el matrimonio, los hijos y el contacto con la tecnología de punta, ya más al alcance de los mortales: Los teléfonos con teclado, que luego evolucionaron a inalámbricos, los televisores con control remoto, la posibilidad de enviar documentos por teléfono (Fax), el CD y su respectivo sistema de sonido (Fuera los casetes de cinta magnética), las videocaseteras (Video Centro incluido, así como la piratería en Tepito), Las cámaras de video (Quien poseía una BetaMax podía considerarse un hombre de éxito), las consolas de videojuego caseras (¿Quién no les compró a sus hijos un Atari o un Nintendo y esperaba a que se durmieran para desvelarse con Tetris o Mario Bross?), las PC (que al principio eran prácticamente calculadoras gigantescas con pantalla verde), y finalmente con los 80´s también llegó la consolidación del factor “Píldora” cuyo efecto no sólo inhibió nacimientos, sino contribuyó a modificar mentalidades.
Al final de esa década, la caída del Muro de Berlín determina la consumación de la Guerra fría. Preludiando unos intensos 90´s. El frágil bipolarismo cedería a una globalización donde el desgaste de las ideologías económico-sociales condujo a convulsiones planetarias: la Perestroika de Rusia, el despertar de China que le entra con todo a la economía de mercado, el Apartheid ve contados sus días, Europa vislumbra su unificación, La guerra del Golfo Pérsico divide a los países del Medio Oriente, los genocidios en África se vuelven costumbre, América Latina le apuesta al Neoliberalismo, aunque algunos países insisten en la ruta roja. En México todo parece ir bien, pero la economía “es sujetada con alfileres”.
En cuanto a la tecnología fueron los 90´s los años en los que realmente se domesticó la computadora, es decir es la época en que entró en los hogares para quedarse y dónde los avances más notables se dieron gradualmente; Internet, Windows, el DVD, Google y la carrera a pasos agigantados en materia de capacidad y velocidad. Pero también fue la década del efímero Beeper y la popularización del teléfono celular, cuya función era, por más de Perogrullo que parezca la frase: hablar por teléfono.
Es cierto, la generación X (nuestros hijos) son los amos del uso de estos artificios, pero nosotros los vimos nacer, crecer y desarrollarse y aunque siendo objeto de las burlas juveniles, bien que mal aprendimos a manipular suficientemente los, cada vez más sofisticados aparatos electrónicos.
Siglo XXI. Los radicalismos musulmanes ponen en Jaque a Occidente, mientras Latinoamérica llega tarde al debate Izquierda/Derecha.
La tecnología sigue marcando el rumbo, lo de hoy son los smartphons y las tablets como vehículo de las redes sociales. Querámoslo o no, el FaceBook y el Twitter están transformando la convivencia de las personas y las familias. Las formas de socializar, de hacer negocios y hasta de gobernar no son lo mismo que ayer, ni serán lo mismo que mañana.
Y los Baby Boomers seguimos a la cabeza. Ahora abrimos brecha a las nuevas formas de vivir lo que la sociedad considera cómo la última etapa de la existencia. Ésta generación se encuentra a medio camino de rebasar el umbral de la tercera edad. Sólo que llegamos masivamente y de una manera inédita. Hace no mucho cumplir sesenta años implicaba esperar con serenidad el final, asumir el único rol posible: el de los abuelitos que toleran o cuidan nietos, o los encargados de pasear al perro, ocupando espacios cada vez más aislados y con poca o nula influencia en su descendencia.
Es posible que los Baby Boomers que lean esto, piensen: no es cierto, mi mamá esto o mi papá lo otro. Y tendrán razón, pero esos casos de viejos dinámicos eran, o son excepciones que con el gradual aumento en la expectativa de vida se fueron convirtiendo en norma, hasta llegar al siglo XXI donde, para proyectar un cliché muy difundido: Si los 30´s son los nuevos 20´s, entonces los 60´s son los nuevos 50´s. Lo que, de ninguna manera significa que seamos más jóvenes, no aspiramos a eso.
Es, sencillamente que la actitud es diferente, manifestación que no obedece a una condición gratuita, sino a una serie de factores, siendo el primero, desde luego que nos acostumbramos a marcar tendencias ante un panorama sin precedentes.
Hoy muchas más personas cumplimos los sesenta años Hace un siglo la expectativa de vida era de cincuenta, hoy ronda los ochenta así que arribamos a una etapa que puede durar varias décadas. Por si fuera poco los más llegamos con suficiente salud y energía, incluso en el campo de la sexualidad (se admita o no el Viagra es otra primicia “baby-boomera”).
Inexorablemente, esa vitalidad se refleja en una visión del futuro promisoria; llegamos con muchas ganas de continuar adelante. Ya sea que tengamos o no resuelto el tema de la independencia económica, nuestras motivaciones difieren de las que teníamos hace treinta o cuarenta años. Los hijos ya volaron o tienen alas para hacerlo, si las metas profesionales se alcanzaron o no ¿Qué más da?, las pretensiones materiales dejaron de ser prioridad, las necesidades personales se reducen a su mínima expresión. Y no se trata en absoluto de resignación, apatía o falta de entusiasmo. Todo lo contrario; estamos habidos de disfrutar con plenitud el tiempo restante porque nos lo merecemos.
No en balde se ha acuñado un término que nos define: La Sexalescencia. Cito un post que ha circulado por redes sociales los últimos años: “Es una generación que ha pateado fuera del idioma la palabra sexagenario, porque sencillamente no tiene entre sus planes actuales el hecho de envejecer… Hoy la gente de 60 está estrenando una edad que todavía no tiene nombre” 
Hoy podemos ver a muchos sexalescentes ejercitándose en los parques o gimnasios; sí necesitan trabajar, lo hacen con dedicación; Los emprendedores de sesenta o más son tan pujantes como sus homólogos de cuarenta, sólo que ponderan mejor los riesgos; las aulas de talleres, diplomados e incluso carreras profesionales están siendo tomadas por alumnos que peinan canas, lo mismo aprendiendo artes plásticas que historia del arte, carpintería, macramé o creación literaria (cómo es mi caso); los grupos de ex compañeras de la secundaria generación 64-67 son cada vez más comunes en los restaurantes; La industria turística está orientando inversiones a un nicho de mercado más jugoso que el de los Sprint Breakers sin arriesgar sus instalaciones.
Si algún chavo, tuvo la incomprensible idea se seguir leyendo hasta estas líneas, que no se frote las manos, me temo que se desilusionará al entender que los beneficios que describí arriba son una exclusiva para la clase 46-64. Y es que, lógicamente las estructuras económicas se ajustarán a nuevas realidades, por ejemplo; la edad de jubilación se extenderá hasta los setenta y cinco años. Particularmente en México hay un bono extra para quienes habiendo cotizado en el IMSS – ISSSTE tomamos medidas a tiempo, en ese caso nuestras pensiones son estables de por vida, en tanto que las de nuestros hijos se ajustarán a lo que logren ahorrar en cincuenta años de trabajo.
Las fronteras de las generaciones no están perfectamente limitadas, se difuminan, lo que significa que los extremos están mezclados con las franjas de las generaciones contiguas. Estos conceptos, por lo tanto se pueden trasminar a gente de menos de cincuenta y de más de setenta, eso es normal, lo que no debería ser es que algunos de nuestros contemporáneos sigan atados a los viejos esquemas asumiendo papeles pasivos y sin plan de vida, porque entonces sí que se convertirán tristemente en cachivaches estorbosos.
Si, compañeros baby boomerezcos, ¡cuidemos nietos o paseemos perros! Eso puede ser una delicia, pero no cómo un recurso ocupacional, o cómo la dócil aceptación del gracioso encargo de nuestros hijos. Sino por convicción y sólo en la medida que nuestro gusto y nuestro valioso tiempo lo permitan. En lugar de competir con los video-juegos que enajenan a los niños de hoy, tengamos la chispa de cautivarlos con nuestra sabiduría, seamos sus cómplices enseñándoles de manera divertida las cosas importantes. Ahora que, si de la relación con la mascota de la casa se trata; no es lo mismo que el perro dé un paseo para hacer pipí y popó, o que nosotros seamos factor para que el animal gane un concurso de obediencia.
Los sesentones de hoy no somos un residuo de la especie humana, tampoco aspiramos a ser los ancianos venerables que honran ciertas culturas. Ciertamente gozamos de más experiencia, pero ésta ahora va acompañada de energía y longevidad, por eso afirmo que nosotros, los orgullosos Baby Boomers nuevamente marcamos la pauta en la evolución de la sociedad humana ¡y vamos por la cuarta edad!

Rodrigo García Leo

jueves, 30 de octubre de 2014

PEOR QUE LA MUERTE



—Vamos a impugnar el fallo, Señora Cuéllar, Le decía por teléfono el titular de la Fiscalía especial de secuestros. Ella no lo podía creer, pero sobre todo la llenaba de rabia la injusticia que estaba cometiendo un Juez corrupto, al desechar el dictamen pericial que demostraba, sin lugar a dudas, la culpabilidad de Federico Islas, alias El Cachacuaz, líder de una peligrosa   banda que no obstante el pago del rescate, asesinó con despiadada brutalidad a su hija.
Encolerizada  Raquel Cuéllar, colgó el teléfono, y estaba a punto de arrojarlo contra el espejo de su tocador, cuando el aparato sonó de nuevo. Esta vez era el Doctor Diego Cándano, el joven perito cuyo primer trabajo criminalístico había sido tirado a la basura, a pesar de ser científicamente correcto. Él ya lo sabía, y aunque también sentía una dolorosa frustración, su llamada tenía el propósito de alertarla, pues El Cachacuaz había amenazado con vengarse y ya estaba libre. Diego,  desarrolló una enorme empatía con Raquel cuando investigaba la responsabilidad del delincuente.
Al día siguiente, Raquel trató de seguir con su vida, se dirigió a su trabajo, haciendo la acostumbrada escala en el cafecito de la planta baja de la Torre Mayor, donde está su oficina. Se sentó en la misma mesa de siempre con la vista clavada al infinito. Tres minutos después, la mesera afro descendiente que la atendió los últimos tres años le sirvió el café acostumbrado.
¿Malas noticias Señora Cuéllar?
Si Aretha,
Ese mal hombre saldrá de la cárcel, ¿verdad?
Así es, parece que ya anda por ahí.
Aretha, era una haitiana muy agradecida con Raquel porque ella le consiguió el empleo.
¿Puedo hacer algo por usted Madame?
Sí, consígueme un brujo de tu tierra, dijo Raquel bromeando.
Trece horas más tarde, después de haberse refugiado en el trabajo, La Señora Cuéllar toma el elevador, al llegar al nivel E3, las puertas se abren dejando ver un estacionamiento casi vacío. Camina impaciente, las lejanas paredes regresan el sonido del piqueteo de sus tacones como martillos. Un escalofrío recorre su piel, acelera el paso y al fin llega a su carro, entra en él, busca en su bolsa la tarjeta que activa la pluma de salida, cuando regresa la vista al frente, ahí está; es un hombre de tez muy oscura,  alto, usa rastas y viste una gabardina café muy sucia, el hombre no le quita la mirada de encima. Raquel pretende ignorarlo, cuando da marcha al vehículo un golpeteo en la ventanilla la hace estremecerse. Es Aretha.
¡Mujer! Qué susto me diste, ¿Qué haces a estas horas aquí?
Perdón Madame, aquí está.
¿Aquí está qué?
Se llama Samedí.
¿Ese hombre? Y a mí ¿qué?
Es el Bokor.
¿El qué?
El brujo Vudú que me pidió, bueno él sólo era, cómo dicen aquí, él gato del Bokor, pero algo habrá aprendido.
—¡Cómo crees! era una broma. Anda dile a tu amigo que se suba y los llevo a su casa.
Al llegar a la suya, encontró en la puerta la mancha roja de una bala de Gotcha. El mensaje era claro.
Le llamó a Diego para contarle todo lo que había sucedido ese día. El médico forense, un tanto decepcionado de la práctica penal, y en su afán justiciero, comentó que: “tal vez no sería mala idea darle una sopa de su propio chocolate a esa escoria humana” Le pidió que lo dejara hablar con ese tal Samedí, Raquel accedió advirtiendo que sólo fuera un  pequeño correctivo.
Diego fue a buscar a Samedí y éste le dijo todo lo que necesitaba para alfiletear al maldito aquel: una fotografía de cuerpo entero, un artículo personal, alfileres de cabeza negra, dos velas rojas y un poco de datura.
Y ¿qué es eso? preguntó.
Es un polvo para bajar la voluntad y sin datura no hay magia. Contestó Samedí.
Diego se puso a investigar y confirmó que en ciertos ritos Vudú, usan esa sustancia, que es una toxina que ataca al sistema nervioso central disminuyendo las funciones vitales y  motoras.  Lo extraen de los testículos del pez globo.
De nuevo al teléfono con Raquel, Diego le dice que es fácil realizar el “trabajito”; él tiene fotografías del expediente y tiene acceso a armas que le confiscaron, en cuanto a la neurotoxina, la puede conseguir con un amigo chef, dueño de un restaurante japonés donde venden Fugu, o sea  pez globo. Sólo deben darle al aprendiz de brujo la materia prima para que prepare la pócima y propinársela al maleante.
¿Y cómo vamos a lograr que se tome la porquería esa?Preguntó Raquel.
Ah, ya pensé en eso, ahora me alegro haberlo observado a detalle, te cuento: El Cachacuaz, todavía debe firmar en el juzgado un día a la semana su libertad condicional por otros delitos menores. Mientras espera adquiere un café de máquina tragamonedas. Así que será muy sencillo adulterar sobres de azúcar y colocarlos a su alcance para que por propia mano se drogue.
La sed de venganza y el temor por su vida logran decidirse a Raquel a llevar a cabo el plan de Diego. Mitiga su conciencia pensando que de ese modo va a evitar el sufrimiento de más inocentes.
El Cachacuaz llega al juzgado, mientras se anuncia en el mostrador, Diego retira los sobres de azúcar dejando en su lugar un solo ya adulterado. Tal como lo había pronosticado, Federico, compra un café capuchino, lo endulza con la única porción que hay en el dispensador.
¡Qué buena suerte tengo! Alcance azúcar, el café amargo no me gusta piensa.
Después de firmar su libertad condicional regresa a su casa a planear el próximo golpe.
Cuando abre la puerta empieza a sentir un cosquilleo en las yemas de sus dedos y un cansancio extremo. Se sirve un tequila bebiéndolo de un sólo trago. Ahora son las manos y los pies completos los que siente dormidos, un sudor frío acompañado de nauseas lo invaden.  Decide acostarse para tratar de dormir. No puede, el malestar crece. Entonces quiere alcanzar su teléfono celular para pedir auxilio, pero sus músculos no responden. Intenta gritar, tampoco lo logra, ya ni sus ojos pueden virar de dirección. Está atrapado en su propio cuerpo.
Alrededor de las once de la noche llega su hija, y encuentra el cuerpo inanimado de su padre con los ojos sin brillo, a causa de haber permanecido abiertos por más de siete horas. Le grita:
—¡Papá! ¿Qué te pasa?, no hay respuesta externa, pero desde su interior Federico grita suplicando ayuda. La muchacha hace un último intento para convencerse de que su padre no ha muerto; lo mueve, lo cachetea y nada. Al Cachacuaz sólo le queda la conciencia de saberse vivo. Ni siquiera siente dolor o algún tipo de malestar corporal. Para entonces su piel ya pálida presenta rasgos de deshidratación, y en su rostro, sin tono muscular aparecen ojeras muy extensas y oscuras.
Por compasión su primogénita le baja los párpados cerrando con ello un canal más de contacto con el mundo. Ahora sólo le queda el oído.
Mientras la chica avisa a sus familiares y amigos, Federico cae en cuenta de la terrible muerte que le espera.
Al poco rato llegan El Toby, su socio, con un médico y varias personas más, se oyen murmullos sollozantes.
¡Por fin! Piensa Federico, éste doctorcito me va a curar.
El galeno, lo ausculta, revisa su pulso, pasa el estetoscopio por su pecho, luego por la arteria yugular. Le abre un ojo. Federico alcanza a ver a su madre llorando hasta que la luz de una linterna lo ciega. Lo siguiente que escucha es: "lo siento, ha fallecido"
Del silencio absoluto, en la habitación se pasó a un fragor de lamentos y alaridos que se clavaban cómo saetas en los oídos del único que no podía  emitir sonido alguno.
¿De qué murió doctor?preguntó la madre.
De muerte natural, señora. Le debe servir de consuelo que no sufrió; murió mientras dormía.
Bueno dijo El Toby—, yo creo que debemos velarlo aquí mismo y enterrarlo a penas amanezca. No sea que se quiera meter la chota.
Federico estaba desesperado dentro de su prisión corpórea, y aunque su mente estaba aún lúcida, su fe se consumía lentamente.
Mientras tanto, en casa de Raquel, Samedí terminaba el ritual Vudú que le habían encargado. Ya es suyo Madame, ¿quiere darle el primer pinchazo?
La Sra. Cuéllar suspira hondo, con gran temor toma la fotografía y un alfiler, y justo  cuando estaba a punto de hacer el contacto, un sonido le hace pegar un gran salto. Es el teléfono, la voz de una mujer le anuncia: "El Cachacuaz se murió, no hará más daño". Raquel se quedó cómo petrificada.
¿Qué sucede? pregunta Diego.
¡Lo matamos!dice ella.
No puede ser, solo le administramos una pequeña dosis...
Piensa un momento. Mira al haitiano.
¿Qué hiciste con el resto de la Datura Samedí?.
No sobró nada Doctor Cándano.
¿Cómo? Sí había cómo para matar a un elefante. Te dije que usaras sólo una décima parte.
Perdón Doctor Cándano, sólo me quise asegurar.
 ¡No Inventes! Ahora somos unos asesinos. Yo estudié medicina para salvar vidas y la estoy quitando, créeme Raquel, hice el juramento de Hipócrates por convicción, perdóname, toda la culpa es mía.
 Raquel con voz grave preguntó a sus cómplices si no había nada que hacer. Samedí se encogió de hombros, cerró los ojos y agachó la cabeza, pero la mente científica de Diego fue estimulada con la pregunta. Entonces, después de breves instantes dijo: hay una remota rendija para revertir el daño, será difícil, pero no podemos cruzarnos de brazos
Diego explicó que la dosis pudo causarle la muerte, sin embargo existía la posibilidad de que sólo lo hubieran inducido en estado de coma. De ser así, se le podría administrar un antídoto antes de que lo incineren o lo entierren. En sus investigaciones descubrió qué ese veneno es el primer paso del zombismo. Al ingerir una cierta cantidad, las víctimas caen en un profundo estado cataléptico con las funciones vitales tan disminuidas, que hasta los médicos más experimentados pueden diagnosticar la muerte.  El segundo paso es reanimar a los sujetos con un Stranomium, un Psicoactivo que revierte el proceso.
En mi laboratorio tengo algo que podría funcionar dijo el Doctor.
Y ¿qué sugieres Diego? ¡Que vayamos al velorio y pidamos que nos dejen ponerle una inyección al muertito!
No es mala idea, pero antes debo corroborar el estado de hibernación. Voy por el reactivo y de ahí me paso a la casa del mequetrefe ese, algo se me ocurrirá para acceder al cuerpo. Vamos Samedí, acompáñame.
Al llegar a la calle donde vivía El Cachacuaz, se fue abriendo paso entre la multitud que abarrotaba la entrada de la casa, mostrando su credencial de la Fiscalía General, al principio enfrentó cierta resistencia, pero la actitud rijosa de algunos fue encendiendo los ánimos al grado que en pocos minutos Diego estaba en peligro de linchamiento. El escándalo hizo salir al Toby, que ya en su papel de nuevo líder, silenció al gentío diciéndole que el alboroto era lo que menos necesitaban por ahora.
El Doctor Cándano le dijo que su presencia solo obedecía a una inspección de rutina. El nuevo jefe con un simple movimiento de cabeza ordenó que soltaran al extraño. Ya dentro de la casa, pidió ver el certificado de defunción, fingió encontrar inconsistencias. Anunció que revisaría el cuerpo por lo que pidió a los presentes abandonar un momento la habitación. Ante la esperada negativa de la concurrencia advirtió que sí regresaba a la Procuraduría sin el reporte completo, la autopsia sería inminente.  Con algunas reticencias logró quedarse a solas con el delincuente.
 Cuando revisó el cuerpo, confirmó sus sospechas de inmediato; No había indicios de rigor mortis ni acumulación de sangre en la espalda.
Sé que estás vivo le dijo a Federico—, aunque no te lo mereces, te voy a salvar de una muerte espantosa.
Desde su encierro El Cachacuáz no lo podía creer. La compasión era un sentimiento que jamás experimentó, y ahora él mismo sería redimido por un burócrata que apenas conocía.
Mientras preparaba la jeringa, escuchó un ruido; era El Toby que cortaba cartucho a su arma, se la puso en la nuca y le dijo:
—¡Con que no está muerto este infeliz! ¿Pues qué crees doctorcito? Para todo el mundo ese güey se petatió, y así se va a quedar. Esperé mucho tiempo este momento y tú no me lo vas a echar a perder. No la hagas de pedo, te vas en éste instante o te enterramos junto al Cacha.
La esperanza de Federico, que hacía un minuto lo había inundado se derrumbó dramáticamente. El tormento psicológico lo dejó exhausto. Para entonces su único deseo era que todo acabara de una vez. Decidió dejarse ir, tal vez su alma se extinguiría también. No soportaba la idea de ser enterrado vivo.
Diego caminó varias cuadras de regreso hasta su carro, un tanto frustrado por el fracaso de no haber podido evitar la muerte de Federico. Pasó por su cabeza dejar las cosas tal y cómo estaban, después de todo nadie los podría inculpar de asesinato, pero eso implicaba una dura carga para su conciencia.  Su mente analítica lo llevó a fraguar el plan “B” antes de llegar a su vehículo, donde lo aguardaba Samedí.  Se subió, prendió un cigarro y dándole una palmada al extranjero le dijo:
Prepárate, partner, nos espera una larga jornada.
Amanece, el cuerpo de Federico yace inerte. Su deseo no se cumplió. Voces desconocidas lo despertaron, eran los trabajadores de la funeraria que acomodaron su cuerpo en el féretro. Se enteró por lo que decían, pero no sintió nada.
Durante toda la mañana desfilaron ante su ataúd varias personas, y cada una le hacía una reclamación y se alegraba de su muerte.
¿Será que ya me morí y esto es el infierno?Se preguntaba Federico.    Dios mío perdóname. Sí me devuelves mi cuerpo te prometo que me volveré bueno.
De un momento a otro, la claridad que durante horas había  penetrado sus párpados se extinguió y los sonidos apenas eran audibles. El féretro había sido cerrado porque la hora de partir al panteón había llegado. En ese momento le entró otro ataque de pánico al pensar en la posibilidad de recobrar su movilidad cuando ya estuviera tres metros bajo tierra.
Diego y Samedí se habían turnado para dormir mientras el otro vigilaba la salida del cortejo fúnebre. No fue difícil incorporarse a la fila de autos de la procesión.  El nuevo plan era ubicar la tumba, esperar que cerraran el panteón y rescatar a Federico para administrarle el antídoto.
Las alucinaciones, que cada vez con más frecuencia abstraían la mente de Federico, se interrumpieron con estruendosos sonidos, en su confusión brilló una nueva esperanza, me están rescatando pensó, pero los ruidos iban gradualmente desapareciendo. Eran las paladas de tierra que retumbaban sobre la tapa del féretro metálico. A partir de ese momento el aislamiento era absoluto; silencio sepulcral en medio de tinieblas. Un último grito mental lo desconectó de la realidad.
Una vez cerrado el panteón, tuvieron que esperar que los enterradores concluyeran su trabajo. No había riesgo de asfixia, Federico era un involuntario faquir en espera de sorprender a su público.
La tierra estaba floja, así que fue más rápido de lo esperado llegar al ataúd, Samedí lo abrió. Cuando Diego terminó de aplicar la intravenosa, una voz  ordenó: “no se muevan, están arrestados” la policía los había sorprendido.
Tú, vigila el cuerpo del delito instruyó el oficial de mayor rango al más joven de los uniformados. Nosotros ahorita regresamos, llevaremos a estos roba tumbas a la patrulla. Se enfilaron a la entrada principal del panteón.
El joven policía, deseoso de entrar en acción, inspeccionó muy en su papel, la tumba profanada, dirigió la luz de su lámpara al rostro del exhumado. y cuando se acercó para ver detalles, los ojos del Cachacuaz se abrieron tan grandes que casi se salían de los cuencos y como sí tuviera un resorte se incorporó extendiendo los brazos y bramando aterradores alaridos. El muchacho salió corriendo y no paraba de gritar:
Zombis, zombis.
Los policías que arrestaron a Diego y Samedí, al oír el alboroto, se apresuraron a encerrarlos en la patrulla, pero cuando se percataron, que el escándalo provenía de su compañero novato explotaron en carcajadas.
¿Pos no que eras muy valiente?Le pregunto el sargento.
¡Es verdad! y vienen a chuparnos el cerebro, miren.
Voltearon todos a al interior del panteón y en la negrura arbolada se percibía movimiento.
Ha de ser el velador.
No oficial, yo estoy aquí.
¡Ah chinga! ¿Entonces qué es eso?
Poco a poco la imagen tomaba forma; una figura humana se desplazaba con movimientos torpes hacia ellos. Desenfundaron sus armas y apuntaron como con mal de Parkinson, uno de ellos  tartamudeando sentenció:
De-de-téngase  o dis-pa-pa-ramos.
La respuesta fue un pavoroso sonido gutural... El muchacho empezó a disparar. El Cachacuaz continuaba avanzando, entonces todos lo siguieron, vaciaron sus armas y cuando Federico estuvo a punto de llegar, los tres salieron corriendo.
Una semana después Federico había sido recluido en un hospital, y no por los balazos <> sino en un nosocomio psiquiátrico, el trauma de haber sido enterrado vivo no lo pudo superar. Diego y Samedí salieron libres tras pagar una fianza, el delito grave de robo de cadáver no se fraguó, ellos exhumaron un vivo, no un muerto.
En la declaración preparatoria del Doctor Cándano quedó asentado que él, al realizar los estudios periciales del caso Cuéllar descubrió que el inculpado tenía una propensión a la catatonia por padecer un tipo de epilepsia muy raro. Y que resolvió actuar por su cuenta, sin dar aviso a las autoridades porque de cumplir con las formalidades legales y administrativas, se hubiera perdido tiempo para salvar la vida del enfermo. 
Después de todo, su trabajo sirvió para hacer la justicia que el aparato burocrático, es incapaz de ofrecer.